Crítica de "The Batman" (Matt Reeves, 2022)
Las
diferentes versiones cinematográficas de Batman han funcionado, a su manera,
como espejo de la época en que han sido rodadas. Si las desatadas propuestas de
Tim Burton daban rienda suelta a la maravillosa locura de los 80, la solemne mirada
de Christopher Nolan reflejó la gravedad de un mundo post 11-S en el que el
miedo a los atentados - ¿qué son, sino terroristas, el Joker de Heath Ledger o
el Bane de Tom Hardy? - invadía el asustadizo espíritu del mundo occidental. Años
después, Matt Reeves reinventa el mito de Batman por enésima vez, construyendo
una fábula de terror más deudora de Nolan que de Burton, cuyos pasos caminan
por una Gotham construida desde un perturbador realismo, y que sirve de espejo al
propio terror de un presente azotado por pandemias, guerras y desastres
naturales.
Reeves
asume un reto mayúsculo, y es el de entrar en las tripas de Gotham abarcando en
paralelo el retrato de varios de sus ilustres personajes. A veces desde el
humor (Oz, atado, obligado a caminar como un pingüino), a veces desde la
belleza (la poderosa imagen invertida de un Batman envuelto en llamas), y a
veces desde la propia interpretación (Paul Dano, poseído por Enigma mientras
canta el Ave Maria de Schubert en la celda de Arkham), Reeves utiliza todos los
medios a su alcance para hacer del cine el vehículo perfecto para explicar la
complejidad de Gotham. Si bien es cierto que no evita lugares comunes ni logra
siempre mantener el pulso en las 3 horas de metraje, no lo es menos que su propuesta
despliega, además de un exuberante e hipnótico poderío visual, una envergadura
narrativa que le permite salir airosa de un desafío que lleva décadas repitiéndose
en el tiempo.
Vivimos
tiempos difíciles para los héroes. Es posible que las generaciones del presente
hayan asumido, al igual que Robert Pattinson en The Batman, su propia
incapacidad para cambiar el mundo y transformarlo en ese lugar con el que soñaban
cuando se permitían ser ilusas. Tal desesperanza está llenando las calles de
gente magullada, enfrentada a sus traumas, y que busca encontrar a su alma gemela para sentirse menos sola. Ojalá haya un futuro para un Batman capaz de reír a
carcajadas, como hacía Bruce Wayne en el inolvidable final que compartía con el
Joker en “La Broma Asesina” de Alan Moore y Brian Bolland. Eso significaría
que, después de todo, hay luz al final del oscuro túnel por el que transitamos.
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